Imagina.
Estas en un lugar donde todo es posible.
El cielo tiene todos los colores. El agua brilla al compás del sol que se refleja.
Alba tiene cinco años y vive en una nube, justamente la más esponjosa de todas.
Esta pequeña es muy feliz y desde su nube observa las caras de los niños.
Todos los días apunta en un cuadernito las sonrisas que ve en sus caras, muy bonitas por cierto.
Pero también hay días en los que Alba ve niños que lloran y están tristes, aunque luego ven que son enfados tontos. Entonces Alba baja de su nube esponjosa y busca a esos niños a los que se les ha borrado la sonrisa y les deja sentados en su nube un rato, para que vean el bonito mundo que tienen, lleno de colores infinitos, todos los que puedas imaginar. Y entonces estos niños entienden que las lágrimas les impedían ver ese grandioso mundo que tienen, junto a su familia.
Y automáticamente se dibujaba una sonrisa en su cara.
Alba hacía eso cada día con cada niño enfadado que viese, y por esta razón en este mundo, nuestro bonito mundo real, está lleno de las inocentes risas de los niños.
Y ¿sabes? Tú también puedes ser como Alba y buscar tu propia nube para fabricar sonrisas.
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