¿Por qué nos da miedo la distancia entre personas?
La distancia en sí es sólo la excusa. En el fondo nos da igual el número de kilómetros, de días separados o de diferencia horaria.
Lo que realmente da pánico es el saber si la persona que se encuentra al otro lado se ha adaptado a la vida sin ti de la misma manera, o si por el contrario ya no te necesita.
¿Cuántas veces nos preguntamos lo que significaría estar sin alguien? A veces no es costumbre, es adicción, es una necesidad imperial de tener cerca a ese amigo, familiar o pareja, quizás por el simple hecho de saber que no es posible.
Pensar en el reencuentro consuela, puede servir por un tiempo, pero a veces por dentro hay algo que te ahoga al imaginar que el paso de los días, ese que dicen que pone todo en su sitio, sea capaz de crear una nueva realidad donde esas personas no tengan por que estar juntas.
Y eso duele.
Es curioso como el ser humano a medida que crece va viendo y conociendo personas que entran en su vida, algunas a veces sólo por unos minutos y así quedan prendados de esa esencia.
Como a veces reímos al recordar a esos amigos de la infancia, esos que un bonito día en el recreo prometían una amistad eterna sin conocer el concepto real de ninguna de las dos palabras, y luego olvidaban nuestro nombre al cambiar de colegio, y viceversa.
Las excepciones existen, por supuesto, y éste es el acertijo que nos propone la vida, el ser capaces de reconocer a esas personas que tendrán tu huella dactilar marcada en su persona, que se irán o no se irán pero eso no tendrá que significar un adiós.
Porque hay algo que debemos aprender y empezar a valorar, y es que la amistad, el amor, la unión verdadera no es inseparable, si no que es aquella capaz de separarse y no cambiar.
La distancia en sí es sólo la excusa. En el fondo nos da igual el número de kilómetros, de días separados o de diferencia horaria.
Lo que realmente da pánico es el saber si la persona que se encuentra al otro lado se ha adaptado a la vida sin ti de la misma manera, o si por el contrario ya no te necesita.
¿Cuántas veces nos preguntamos lo que significaría estar sin alguien? A veces no es costumbre, es adicción, es una necesidad imperial de tener cerca a ese amigo, familiar o pareja, quizás por el simple hecho de saber que no es posible.
Pensar en el reencuentro consuela, puede servir por un tiempo, pero a veces por dentro hay algo que te ahoga al imaginar que el paso de los días, ese que dicen que pone todo en su sitio, sea capaz de crear una nueva realidad donde esas personas no tengan por que estar juntas.
Y eso duele.
Es curioso como el ser humano a medida que crece va viendo y conociendo personas que entran en su vida, algunas a veces sólo por unos minutos y así quedan prendados de esa esencia.
Como a veces reímos al recordar a esos amigos de la infancia, esos que un bonito día en el recreo prometían una amistad eterna sin conocer el concepto real de ninguna de las dos palabras, y luego olvidaban nuestro nombre al cambiar de colegio, y viceversa.
Las excepciones existen, por supuesto, y éste es el acertijo que nos propone la vida, el ser capaces de reconocer a esas personas que tendrán tu huella dactilar marcada en su persona, que se irán o no se irán pero eso no tendrá que significar un adiós.
Porque hay algo que debemos aprender y empezar a valorar, y es que la amistad, el amor, la unión verdadera no es inseparable, si no que es aquella capaz de separarse y no cambiar.