Se oye mucho la expresión " eres como una roca", en situaciones en las que las personas se comportan con una desmesurada fortaleza similar a la de dicho material.
Quizás no tengamos el poder de convertirnos en rocas, en crear capas protectoras ante lo que nos da miedo o nos hace daño, pero como todo, hay algo que si se puede aprender cuando te paras a observar un bonito paisaje de montaña.
Los materiales que forman las distintas sierras, aguantan todo tipo de imprevistos, ya sea simples lluvias o tormentosos granizos o incendios devastadores, pero sigen ahí, no se derrumban, podrán ser un terreno reconstruido pero la esencia es la misma.
En ellas se pueden ver las huellas, las marcas que recuerdan de por vida lo que haya sucedido, independientemente del tiempo de recuperación.
No hay dos montañas al iguales, y lo mismo que ocurre con las personas.
Y ésta vez no sólo se trata de un Dni o el nombre que haya sido escogido, si no que cada cual tiene su forma, y pasa distintos vendavales, y no de manera necesariamente igual.
Detrás de las montañas siempre queda una luz detrás, se forma un efecto visual que nos da a entender que detrás hay algo que continua, pero a lo que nuestro ojo no alcanza.
Y volvemos a las personas, la moraleja es sencilla, ¿cuántas veces nos quedamos con la primera fachada, y nos olvidamos de conocer lo que puede haber detrás?.
En la vida todo puede ser visto desde dos perspectivas distintas, y como en el caso de las montañas, a veces es tan simple como retroceder tu camino e iniciar uno nuevo en la otra dirección.
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