jueves, 20 de noviembre de 2008

Las emociones mandan.

Ni todo es bonito, ni todo es horrible. Ni todo es blanco, ni negro, ni siquiera de colores. 
Las cosas son como son, pasan por determinadas razones y en momentos concretos.
No hay un día igual a otro, ni tenemos el don de revivir una emoción igual a otra.

Puedes intentar entender tu mundo, entender tus emociones, tus miedos, y la razón de tus alegrías, pero hay cosas que se escapan de tus manos, y eso es lo que hay que aprender.

El valor de las emociones no está en ellas mismas, 
sino en lo que hacemos con ellas cuando las sentimos.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Tenemos la manía de querer ser duras rocas.


Se oye mucho la expresión " eres como una roca", en situaciones en las que las personas se comportan con una desmesurada fortaleza similar a la de dicho material.

Quizás no tengamos el poder de convertirnos en rocas, en crear capas protectoras ante lo que nos da miedo o nos hace daño, pero como todo, hay algo que si se puede aprender cuando te paras a observar un bonito paisaje de montaña.

Los materiales que forman las distintas sierras, aguantan todo tipo de imprevistos, ya sea simples lluvias o tormentosos granizos o incendios devastadores, pero sigen ahí, no se derrumban, podrán ser un terreno reconstruido pero la esencia es la misma.
En ellas se pueden ver las huellas, las marcas que recuerdan de por vida lo que haya sucedido, independientemente del tiempo de recuperación.

No hay dos montañas al iguales, y lo mismo que ocurre con las personas.
Y ésta vez no sólo se trata de un Dni o el nombre que haya sido escogido, si no que cada cual tiene su forma, y pasa distintos vendavales, y no de manera necesariamente igual.

Detrás de las montañas siempre queda una luz detrás, se forma un efecto visual que nos da a entender que detrás hay algo que continua, pero a lo que nuestro ojo no alcanza.
Y volvemos a las personas, la moraleja es sencilla, ¿cuántas veces nos quedamos con la primera fachada, y nos olvidamos de conocer lo que puede haber detrás?.

En la vida todo puede ser visto desde dos perspectivas distintas, y como en el caso de las montañas, a veces es tan simple como retroceder tu camino e iniciar uno nuevo en la otra dirección.