sábado, 28 de marzo de 2009

Las personas drogodependientes no son los únicos enganchados a algo.

Vivimos enganchados.
Empezamos con la cuerda esa que nos dicen que no podemos soltar en las excursiones de parvularios, y acabamos necesitando una comunicación de 24 horas con todo el entorno que nos rodea en el mundo de los adultos. La televisión nos bombardea con noticias y cotilleos de todo tipo, y por si te lo has perdido cuentas con las redes sociales que tienen el único fin de actualizar de manera permanente lo que quieres saber, y también lo que no.

Pero el tiempo no se para a esperar que maduremos y dejemos atrás las adicciones, no nos da pie a desengancharnos, simplemente vamos cambiándolas por otras que vayan mas acorde a la edad. Aquí no existe prevención, ni alternativas de ocio, cumples años y no te das cuenta de la red en la que estás.


Primero los dibujos animados, los videojuegos, las nuevas tecnologías, las compras compulsivas, sustancias ... cualquier cosa, cada cual a su manera, algo que adormezca y nos mantenga entretenidos, obcecados en aquello que parece aliviarnos. La mayoría acaba con vicios, cosas que no saben cómo reemplazar, acciones que realizar a  diario como algo habitual en cada particular vida sin caer en la cuenta de cómo influyen, y no sólo hablo de tabaco, hay otras cosas que frenan más que la nicotina pura.

En la calle no deberás hablar de drogas, el estigma que conlleva es mucho más negativo, pero yo me pregunto ¿Cuál es la diferencia entre una persona que no puede dejar de consumir, y aquella que no puede salir a la calle por no dejar de lado un juego de ordenador?  



Pero hay algo que todos necesitamos directa o indirectamente, la compañía de otras personas. De esa persona en concreto. ¿Qué puede sustituir eso? Nada, pero hasta en límites ésto puede ser un problema.
A veces no nos damos cuenta, perdemos tiempo en cosas que en el fondo no nos aportan lo verdaderamente valioso, que no nos hacen reír al cien por cien, ni tampoco sacar toda la tristeza, no se disfrutan de las caricias reales, y  las palabras sinceras, con lo fácil que es descolgar el teléfono y disfrutar de una buena compañía.