miércoles, 17 de diciembre de 2008

No hablamos de distancia, si no de olvido.


¿Por qué nos da miedo la distancia entre personas?
La distancia en sí es sólo la excusa. En el fondo nos da igual el número de kilómetros, de días separados o de diferencia horaria.
Lo que realmente da pánico es el saber si la persona que se encuentra al otro lado se ha adaptado a la vida sin ti de la misma manera, o si por el contrario ya no te necesita.
¿Cuántas veces nos preguntamos lo que significaría estar sin alguien? A veces no es costumbre, es adicción, es una necesidad imperial de tener cerca a ese amigo, familiar o pareja, quizás por el simple hecho de saber que no es posible.
Pensar en el reencuentro consuela, puede servir por un tiempo, pero a veces por dentro hay algo que te ahoga al imaginar que el paso de los días, ese que dicen que pone todo en su sitio, sea capaz de crear una nueva realidad donde esas personas no tengan por que estar juntas. 
Y eso duele.


Es curioso como el ser humano a medida que crece va viendo y conociendo personas que entran en su vida, algunas a veces sólo por unos minutos y  así quedan prendados de esa esencia. 
Como a veces reímos al recordar a esos amigos de la infancia, esos que un bonito día en el recreo prometían una amistad eterna sin conocer el concepto real de ninguna de las dos palabras, y luego olvidaban nuestro nombre al cambiar de colegio, y viceversa.
Las excepciones existen, por supuesto, y éste es el acertijo que nos propone la vida, el ser capaces de reconocer a esas personas que tendrán tu huella dactilar marcada en su persona, que se irán o no se irán pero eso no tendrá que significar un adiós.


Porque hay algo que debemos aprender y empezar a valorar, y es que la amistad, el amor, la unión verdadera no es inseparable, si no que es aquella capaz de separarse y no cambiar.

domingo, 14 de diciembre de 2008

El placer de enloquecer.


A veces el miedo es  nuestro único impedimento.



Vemos barreras donde no las hay, obstáculos que nos ciegan impidiéndonos dar ese primer paso hacia lo que verdaderamente queremos.


¿A quién no le ha pasado que a veces la primera decisión a la que llega la cabeza suele ser la acertada? Pero hay algo que nos hace descartarla.
La seguridad si que da miedo, ese pensamiento que como un martillo nos recuerda que no se pueden hacer las cosas a la ligera. Una alerta, un detente constante que nos hace mirar a los lados antes de cruzar la calle.


Pensamos, damos vueltas a todo y lo analizamos hasta estar conformes, cuando a veces es mucho más sencillo. La vida no puede ser tan compleja como la pintamos, sólo hay que aprender a diferenciar bien los colores.


¿Quién determina lo que es una locura y lo que no? A veces dudo de si esa coherencia realmente existe, y es que seguramente cada acto sin explicación aparente tendrá una razón consistente en la persona que lo realizó, sólo que desde fuera será tachado de disparate.


A qué se tiene realmente miedo, ¿a tomar una decisión incorrecta en la vida , o a que nos tachen de locos por un hecho que el resto no entiende?







[peqeña.soñadora.]!*