Hay una fama muy generalizada que nos persigue, y que a veces se hace realidad, y es eso de que dejamos todo para el último momento.
Muchas personas trabajan mejor bajo presión, la tensión de saber que debes ser eficaz por obligación nos hace aumentar la concentración y llegar al máximo, aunque ésto también supongo nuestro agotamiento emocional y físico.
Y digo ésto, porque al igual que en el trabajo, también hay ocasiones en las que hasta los problemas que nos bombardean la cabeza buscando una solución quedan aplazados al montón de cosas pendientes. Un montón un tanto peligroso ya que se mezcla todo y luego cuesta más separar que resolver el problema en sí.
Creemos sentirnos fuertes cuando por nuestra cuenta somos capaces de resolver los inconvenientes que nos asaltan, pero la verdadera realidad es que a veces no retrasamos el proceso por vagancia, o por no saber que hacer. Caemos en el típico pozo oscuro, del que luego es mucho más difícil salir cuando realmente el poder de parar esa angustia siempre estuvo en nuestras manos.
Debemos aprender que todo tiene solución,
aunque a veces la propia solución sea la que no nos gusta.
[pequeña.soñadora]
No hay comentarios:
Publicar un comentario